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De: “EL ARTE DE LA DESTRUCCIÓN” – Lima, 2005 (inédito)
Instantánea
Cuando vemos crecer a nuestros hijos sabemos que la vida
Se instala cada vez con mayor fuerza en ellos
las fotos incontables se apilan en la mesita del comedor como trofeos
año a año se hace mas nostálgico nuestro recuerdo
la familia crece y la vida se vuelve imparable a nuestro alrededor
viejos tíos y abuelos se acercan a su techo humano
las fiestas que celebrábamos antaño se van haciendo ajenas
indiferentes sin su presencia
la vida sigue discurriendo mas y mas
incontenible acomete con furia entorno a nosotros
nos pasa de largo sin mirar
algunas veces encontramos en aquellas fotos una distracción
un consuelo pasajero mientras mas allá los hijos convergen rozagantes
felices
la mayoría de nosotros se ha ido o se esta yendo
pero a ellos nada de eso les interesa claro esta
las charlas dejaron de ser las mismas y el café con música de fondo
ya no tiene sentido
sin embargo la familia aun ríe
se abraza llena de vida
no logro reconocer a cada una de las criaturas que pueblan esta habitación
ellos tampoco me reconocen
me besan saben mi nombre
nos tomamos fotos en las que siempre aparezco
con ese rasgo fatídico
si pudieran comprender que todo ciclo es efímero y que con el pasar de los años
aprenderán a lidiar con sus temores a renunciar a sus sueños
hasta llegar a hacerse amigos de su propia muerte
entonces nosotros ya no estaremos allí
les tocara marchar a paso lento por el mundo
negarse a los agasajos organizados en sus nombres
a las fotos preparadas con la familia alrededor
pronto comprenderán que dichas fotos son coloridas tumbas
preparadas de antemano
que aquellos momentos no representan nada mas que episodios muertos
mascaras huecas sin importancia
por ahora ese momento no les ha llegado
ellos sonríen sin temor para la típica postal familiar
colocan sus inocentes años al centro sin menor remordimiento
hacen muecas y se burlan sin ver las sombras curvas
a sus espaldas
ninguno huye del espectro que proyectan los muertos en el comedor.
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